Trucos para hacer un buen bizcocho

La repostería es un arte. Eso nadie lo pone en duda. Pero eso no implica que únicamente los maestros reposteros puedan dedicarse a ella.

Si has llegado hasta aquí es porque tú también haces o quieres hacer tus pinitos en repostería.

¡Y muy bien que nos parece! Porque cualquier día es un buen día para ponerse el delantal y hacer un buen bizcocho.

El bizcocho es uno de los alimentos estrella de la repostería. Porque es uno de los más sencillos de elaborar, pero también porque presenta un sinfín de posibilidades. Cuando hablamos de bizcochos, el único límite es tu imaginación. O tus gustos.

Con independencia de los ingredientes que decidas emplear, hay una serie de consejos para hacer un buen bizcocho que te serán de gran ayuda y te permitirán perfeccionar tu técnica.

¡Que tiemblen los maestros reposteros!

Vamos a verlos:

Durante la elaboración:

  1. Es muy importante que los ingredientes estén a temperatura ambiente.
  2. Cuando hacemos un bizcocho, lo más importante son los huevos. Son el ingrediente principal, los que dotan de esponjosidad al bizcocho, así que hay que invertir una buena dosis de tiempo en batirlos bien. Asimismo, conviene que sean de buena calidad.
  3. Cuando midas los líquidos, pon el vaso medidor sobre una superficie plana. Nada de sostenerlo a mano alzada.
  4. Las medidas de las cucharadas deben rasarse con un cuchillo o espátula. No vale tenerlas a rebosar.
  5. Cuando mezclas los ingredientes, hazlo a una velocidad media y haz los movimientos en la misma dirección.
  6. Forra el molde. Así evitarás que se pegue el bizcocho. Puedes untarlo con mantequilla o forrarlo con papel de horno, como prefieras.

Trucos para hacer un buen bizcochoDespués de preparar la mezcla y de verterla en el molde, llega el momento de meterlo en el horno. Recuerda que debes precalentarlo antes.

Y recuerda también que el hecho de meter el bizcocho en el horno no significa que debas olvidarte de él. Todo lo contrario. A veces, mientras el bizcocho se está horneando se aprecian muestras de que “algo no está bien”. Si estás pendiente podrás subsanarlo. Pero si te desentiendes, cuando saques el bizcocho del horno… no será lo que te esperas.

También debes recordar que durante la primera mitad de la cocción no debes abrir la puerta del horno “para ver qué tal va”, a menos que sea estrictamente necesario. Dicho todo esto, veamos qué más cosas pueden pasar y qué trucos deberás seguir en cada caso:

  1. El bizcocho se encoge. Eso significa que la temperatura está muy alta o que lleva demasiado tiempo horneándose. Rectifica.
  2. El bizcocho se encoge y se arruga al enfriarse. Eso sucede porque no ha tenido un tiempo de cocción suficiente. Así que ya sabes: ¡pa’ dentro del horno otra vez!
  3. Tiene motas blancas en la superficie. Es por el azúcar, que no se ha disuelto bien. La próxima vez bate con más insistencia.
  4. La superficie del bizcocho tiene orificios minúsculos. Una de dos: o bien no has batido la mezcla lo suficiente o bien le has añadido mucha levadura.
  5. El bizcocho se hunde. Seguramente utilizaste un molde muy pequeño, lo que repercute en que el bizcocho suba demasiado deprisa y sin consistencia. A la próxima, búscale un molde de su talla.
  6. La superficie está pegajosa. Esto se debe a que has horneado a una temperatura demasiado baja y el bizcocho todavía no está al 100%. A veces las apariencias engañan, así que si quieres saber cómo anda el bizcocho por dentro, lo mejor es que lo pinches suavemente con un palillo, a partir de la segunda mitad de la cocción. Si se adhiere algo de masa al palillo, significa que todavía no está listo. Si lo quitas y no hay restos de bizcocho, podrás sacarlo del horno.
  7. La corteza está dura como una piedra. Eso pasa cuando cocinas a una temperatura demasiado elevada. ¿Por qué? ¿Para acabar antes? La repostería debe disfrutarse, así que no intentes acelerar los procesos. Cada alimento tiene sus tiempos. Así que lo mejor que puedes hacer es respetarlos y disfrutar mientras están en la cocina.

Por último, ten en cuenta que tan importante es que el bizcocho esté bueno como que se vea bien. Porque por mucho que nos frustre a veces (sobre todo cuando somos nosotros mismos los que cocinamos), la comida entra por los ojos.

Así que no desmoldes el bizcocho nada más sacarlo del horno (podrías quemarte y estropearlo). Deja que se enfríe un poco y a continuación desmóldalo sobre la rejilla del horno para que se airee.

En cuanto a su conservación, lo ideal es que lo tengas en un tupper hermético o envuelto en papel film.

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